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El poncho de los pobres
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- Creado en Lunes, 07 Mayo 2012 02:18
- Escrito por Redacción Iberarte
¿Cuántas pompas de jabón irisarán el aire, cuánta magia acumulada deberemos descubrir, cuántos sueños rotos nos partirán el alma?
El Nobel guatemalteco Miguel Ángel Asturias anda buscando raíces en París, en el cementerio de Père-Lachaise, desde 1974. En ‘Hombres de maíz’, quizá su novela más interesante por profunda y por el dominio del lenguaje, decía: “En el pasto había un mulo, sobre el mulo había un hombre y en el hombre había un muerto”. Y me pregunto, a la luz de su relectura ¿cuántos muertos vivos más… es necesario que vaguen por esta Europa que dice contenernos? ¿Cuántos vivos muertos más nos traerán esta crisis montaraz y sañuda que nos acosa? ¿Cuántos hombres y mujeres más habremos de ver por las calles con ojos de cristal, vacíos de alma y de sentimientos, arrinconados por los demonios financieros? ¿Cuántas pompas de jabón irisarán el aire, cuánta magia acumulada deberemos descubrir, cuántos sueños rotos nos partirán el alma, cuánto llanto escondido habrá de salir a la luz, cuánto remiendo de ropa vieja habrá que hilvanar, cuánta cola de beneficencia veremos aun, cuántos agujeros más habrá que forjarle al cinturón de la Necesidad para que los de siempre se harten?
Cuando… el pelo del sol se pone rojizo, y luego violeta, para ir tirando a negro y convertirse en tizón asperjado de lucecitas estelares, los que algo tenían y los que hace tiempo nada tienen, convertidos en tribus nuevas, lloran noqueados por esta suerte azabache que no sólo les arrebata derechos sino que, también, en vez de matarlos, ahora, los deja vivos para que vean el vesánico destino que los dioses nuevos les han concedido.
Un día le pregunté a mi amigo Néstor Goyanes, pintor y xilógrafo argentino, que por qué pintaba tantos soles en sus cuadros y litografías. La contestación dejó patente mi desconocimiento: “El sol, amigo Paco, es el poncho de los pobres”. Y me acuerdo de Néstor y de Asturias y de otros tantos creadores que araron la tierra de los sueños con las armas que poseían, mientras que, en esta vieja Europa, se pierde la palabra de los que han de esgrimirla como arma, como daga vengadora. Poca ayuda hacen los creadores alimentándose de silencio. Poca. H


